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Seis décadas de caída sostenida en derrames petroleros

Los derrames de hidrocarburos asociados a buques tanque muestran una reducción muy marcada desde los años setenta. El promedio anual de eventos grandes cayó de 25 a 2 entre las décadas de 1970 y 2020, mientras los derrames medianos bajaron de 54 a 5. La mejora supera el 90% en ambas categorías, aunque el indicador mide frecuencia de incidentes y no volumen total derramado ni su impacto ambiental.

Los registros de ITOPF muestran una reducción sostenida en la frecuencia de derrames de petróleo originados en buques tanque durante las últimas seis décadas. La comparación utiliza el número promedio anual de incidentes dentro de cada década y distingue dos categorías: derrames medianos, de entre 7 y 700 toneladas, y derrames grandes, superiores a 700 toneladas. El indicador se refiere exclusivamente al transporte marítimo de petróleo mediante tankers; por lo tanto, no incluye pérdidas provenientes de oleoductos, instalaciones offshore u otras infraestructuras de producción y transporte.

La década de 1970 constituye el punto de partida y presenta, con diferencia, la mayor frecuencia de accidentes de toda la serie. Se registraban anualmente alrededor de 54 derrames medianos y 25 grandes, es decir, cerca de 79 incidentes por año considerando ambas categorías. La magnitud del registro refleja las condiciones de una industria marítima que operaba con estándares técnicos, sistemas de navegación, diseño de buques y prácticas de gestión del riesgo distintos de los actuales.

Durante los años ochenta se produjo el primer descenso pronunciado. El promedio conjunto se redujo a aproximadamente 45 derrames anuales, de los cuales unos 36 correspondían a eventos medianos y alrededor de 9 a derrames grandes. En una sola década, la frecuencia total disminuyó más de 40% respecto de los años setenta. La trayectoria descendente continuó durante los noventa, aunque a un ritmo algo menor: el promedio se ubicó alrededor de 36 incidentes anuales, con unos 28 derrames medianos y cerca de 8 grandes.

El cambio vuelve a ser particularmente marcado durante la década de 2000. El promedio anual cae aproximadamente a 18 incidentes, prácticamente la mitad del registrado durante los noventa. Los derrames medianos se sitúan alrededor de 15 por año y los grandes en aproximadamente 3. Para entonces, el número de incidentes representaba menos de una cuarta parte del observado treinta años antes.

La década de 2010 profundiza esta tendencia. La frecuencia conjunta desciende a alrededor de 6 eventos anuales, con aproximadamente 4 a 5 derrames medianos y entre 1 y 2 grandes. La comparación con los años setenta resulta especialmente significativa: mientras entonces se producían casi 80 incidentes anuales dentro de las dos categorías analizadas, cuatro décadas después el registro se había reducido a menos de una décima parte.

Los datos correspondientes a la década de 2020 mantienen estos niveles históricamente bajos, aunque muestran una pequeña diferencia respecto del mínimo precedente. El promedio se sitúa en torno a 7 derrames por año, compuesto por aproximadamente 5 eventos medianos y 2 grandes. Dado que la década de 2020 todavía no está completa, este último valor debe interpretarse con mayor cautela que los correspondientes a períodos cerrados de diez años.

La comparación de los extremos resume la magnitud de la reducción. Según la tabla presentada por Our World in Data a partir de ITOPF, los derrames grandes pasan de aproximadamente 25 por año en 1970 a 2 en 2020, una disminución cercana al 90%. En los derrames medianos, el promedio baja de 54 a 5 eventos anuales, equivalente a una reducción del 91%, con cerca de 49 incidentes menos por año.

El descenso, además, no depende exclusivamente de una de las categorías. Los eventos medianos y los grandes siguen prácticamente la misma trayectoria, aunque los primeros representan durante todo el período la mayor parte de los casos. Esto permite observar que la mejora no se limita a la reducción de accidentes de gran escala: también disminuyó fuertemente la frecuencia de incidentes intermedios.

El indicador, sin embargo, debe interpretarse como una medida de frecuencia y no de severidad ambiental. Dos décadas con igual número de derrames pueden presentar volúmenes vertidos muy diferentes, y un único accidente de gran magnitud puede producir consecuencias superiores a numerosos incidentes menores. Los datos tampoco permiten medir directamente daños sobre ecosistemas, costas o actividades económicas. Lo que sí muestran con claridad es que la probabilidad histórica de ocurrencia de derrames medianos y grandes asociados al transporte de petróleo en buques tanque se redujo de manera sustancial desde los años setenta

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