Desde 1965, el consumo energético mundial se multiplicó por más de cuatro, mientras Argentina casi lo triplicó; en ambos casos los combustibles fósiles siguen dominando, aunque la matriz argentina se distingue por el mayor peso del gas natural y una menor participación relativa del carbón.
El consumo mundial de energía primaria aumentó de forma sostenida durante las últimas seis décadas, aunque con ritmos diferentes según el período y con cambios relevantes en la composición de la matriz. En 1965 el consumo global se ubicaba en torno de 42.000 TWh, mientras que en 2024 alcanzó aproximadamente 175.272 TWh. Esto implica que el consumo total se multiplicó por algo más de cuatro en el período.
Durante las décadas de 1960 y 1970, el crecimiento estuvo dominado por los combustibles fósiles. El petróleo fue la principal fuente y aumentó con rapidez, acompañado por el carbón y, en menor medida, por el gas natural. Hacia fines de los años setenta, el consumo mundial ya se acercaba a 75.000–80.000 TWh. La matriz era todavía poco diversificada y la participación de las fuentes bajas en carbono era reducida.
En la década de 1980 el crecimiento fue más moderado. El petróleo perdió algo de impulso respecto de los años anteriores, mientras que el gas natural comenzó a ganar peso. La energía nuclear aumentó de manera visible y la hidroelectricidad continuó aportando una fracción estable del consumo. A comienzos de los años noventa, el consumo mundial se ubicaba en torno de 95.000 TWh.
Durante la década de 1990 se retomó una trayectoria de expansión más clara. El gas natural aumentó su participación y el carbón mantuvo un peso significativo. La energía nuclear siguió creciendo, aunque a un ritmo menor que en la década anterior. Hacia el año 2000, el consumo global superaba los 105.000 TWh.
La década de 2000 mostró una aceleración marcada. El crecimiento económico de Asia, especialmente de China, impulsó un fuerte aumento del consumo de carbón, que pasó a explicar una parte considerable de la expansión energética mundial. También crecieron el petróleo y el gas natural. Hacia 2008 el consumo se aproximaba a 135.000 TWh, antes de una caída asociada a la crisis financiera internacional.
Durante la década de 2010, el consumo volvió a crecer y superó los 150.000 TWh. Los combustibles fósiles siguieron dominando, pero comenzaron a ganar relevancia la energía eólica y la solar. La hidroelectricidad mantuvo una contribución importante, mientras que la energía nuclear permaneció relativamente estable.
En 2020 se observa una caída abrupta vinculada a la reducción de la actividad económica y del transporte durante la pandemia. La recuperación fue rápida y, desde 2021, el consumo volvió a crecer hasta alcanzar un nuevo máximo en 2024.
En ese año, los combustibles fósiles representaron aproximadamente el 81% del consumo mundial de energía primaria. El petróleo explicó cerca del 32%, el carbón el 26% y el gas natural el 24%. Las fuentes bajas en carbono aportaron el 19% restante, con una participación creciente de la energía eólica y solar, además de la hidroelectricidad y la nuclear.
La tendencia de largo plazo muestra, por lo tanto, una fuerte expansión del consumo energético global y una diversificación progresiva de las fuentes. Sin embargo, la matriz mundial continúa basada mayoritariamente en combustibles fósiles, que todavía explican más de cuatro quintas partes del consumo total.
Cabe destacar que el consumo de energía primaria es la cantidad total de energía contenida en los recursos energéticos antes de cualquier proceso de transformación, conversión o transporte. En un Balance Energético incluye las fuentes obtenidas directamente de la naturaleza (como petróleo, gas natural, carbón, energía hidráulica, eólica, solar y nuclear) destinadas tanto a transformación como a consumo directo, y constituye el punto de partida para analizar el abastecimiento y la estructura de la matriz energética de un país.
La imagen interactiva adjunta permite observar el Consumo de Energía Primaria tanto global y de más de 10 paises, medida en TWh y como procentaje de la participacion de cada fuente, tanto en áreas apiladas como en líneas.
Respecto a la Argentina, el consumo de energía primaria de Argentina muestra una expansión significativa a lo largo de las últimas décadas. En 1965 se ubicaba en torno de 330 TWh anuales, mientras que en 2024 alcanzó aproximadamente 975 TWh. En términos agregados, el requerimiento energético del país prácticamente se triplicó. Sin embargo, el crecimiento no fue lineal: hubo etapas de expansión acelerada, períodos de estancamiento y caídas asociadas al ciclo económico, cambios en la actividad industrial y, más recientemente, al impacto de la pandemia.
En la segunda mitad de la década de 1960, la matriz estaba fuertemente concentrada en petróleo. Era, con diferencia, la principal fuente de energía primaria, mientras que el gas natural ocupaba todavía una posición secundaria. La hidroelectricidad comenzaba a aportar al sistema, pero con un peso reducido, y la energía nuclear aún no tenía incidencia. El consumo total creció de forma moderada durante estos años, acompañando el desarrollo industrial y urbano del país.
Durante la década de 1970 continuó aumentando el consumo energético, que hacia fines del período se aproximaba a 400–450 TWh. El petróleo mantuvo su predominio, aunque el gas natural comenzó a ganar participación de manera más visible. La estructura de abastecimiento seguía siendo esencialmente fósil y todavía presentaba una fuerte dependencia de los combustibles líquidos. En estos años también comenzó a ampliarse el aporte de la generación hidroeléctrica y apareció la energía nuclear dentro de la matriz.
La década de 1980 presentó una evolución más irregular. El consumo alcanzó valores cercanos a 470 TWh a comienzos del período, pero luego atravesó años de estancamiento y retroceso. Más allá del bajo crecimiento agregado, se produjo un cambio relevante en la composición de la matriz. El gas natural continuó aumentando su participación, mientras que el petróleo comenzó a perder peso relativo. La hidroelectricidad y la energía nuclear se consolidaron como componentes permanentes del abastecimiento energético, aunque con una escala considerablemente menor que la de los hidrocarburos.
Durante los años noventa el consumo retomó una trayectoria claramente ascendente. Desde niveles algo superiores a 500 TWh al comienzo de la década, se aproximó a 700 TWh hacia 1999–2000. En estos años se profundizó el proceso de gasificación de la matriz energética argentina. El desarrollo de infraestructura de transporte y distribución, junto con la expansión del uso del gas en generación eléctrica, industria y consumo residencial, permitió que el gas natural ganara participación rápidamente. Hacia fines de la década, la diferencia respecto del petróleo se había reducido de manera sustancial.
La década de 2000 constituyó uno de los períodos de mayor expansión del consumo energético. Tras la caída asociada a la crisis de comienzos de siglo, la demanda se recuperó con rapidez y alcanzó aproximadamente 850–870 TWh hacia 2007–2008. El gas natural pasó a ocupar una posición claramente dominante. El petróleo continuó representando una porción importante del abastecimiento, aunque perdió participación relativa frente al crecimiento del gas. La expansión de la actividad económica, de la demanda eléctrica y del consumo industrial impulsó el aumento del requerimiento total de energía.
Durante la década de 2010, Argentina operó en niveles de consumo históricamente elevados. En la primera mitad del período, el consumo superó los 900 TWh y llegó a ubicarse en torno de 1.000 TWh. A partir de allí se observa una etapa de mayor estabilidad y, hacia fines de la década, cierta reducción. Gas natural y petróleo continuaron explicando ampliamente la mayor parte del consumo primario. Sin embargo, hacia el final del período comenzó a ser visible un segundo cambio en la composición de la matriz: la incorporación de energía eólica y solar a una escala mayor que en décadas anteriores.
La década de 2020 comienza con una caída marcada del consumo. En 2020 el total descendió hasta aproximadamente 850 TWh, reflejando la contracción de la actividad económica y de la demanda energética asociada a la pandemia. La recuperación posterior fue rápida. Entre 2021 y 2023 el consumo volvió a acercarse a 1.000 TWh y en 2024 se ubicó en aproximadamente 975 TWh.
La composición de 2024 confirma que el sistema energético argentino continúa fuertemente basado en hidrocarburos. Los combustibles fósiles explicaron alrededor del 83% del consumo de energía primaria. El gas natural representó aproximadamente el 47% del total y se mantuvo como la principal fuente del país. El petróleo aportó alrededor del 35%, mientras que el carbón tuvo una participación marginal, cercana al 1%.
El cambio estructural más importante de toda la serie es precisamente el desplazamiento relativo del petróleo por el gas natural. Mientras que durante las décadas de 1960 y 1970 el petróleo dominaba ampliamente la matriz, desde los años noventa el gas aumentó su participación hasta convertirse en la principal fuente energética. La transformación fue gradual y respondió a la ampliación de la infraestructura gasífera y a su creciente utilización en generación eléctrica, industria, hogares y otros usos finales.
Las fuentes bajas en carbono explicaron aproximadamente el 17% del consumo primario en 2024. Dentro de este grupo, la hidroelectricidad mantiene una presencia histórica relevante, aunque con variaciones entre años relacionadas con la disponibilidad de recursos hídricos. La energía nuclear aporta desde la década de 1970 y conserva una participación relativamente estable dentro del conjunto de fuentes no fósiles.
El crecimiento más reciente corresponde a la energía eólica y solar. Ambas fuentes tuvieron una incidencia prácticamente nula durante buena parte de la serie y comenzaron a adquirir una participación visible durante la década de 2010. La energía eólica avanzó más rápidamente y actualmente tiene un peso superior al de la solar. Aun así, la escala conjunta de ambas sigue siendo limitada frente al gas natural y el petróleo. Los biocombustibles y otras fuentes renovables completan la matriz con participaciones menores.
La evolución de largo plazo permite distinguir, por lo tanto, tres etapas. Hasta los años ochenta predominó una matriz centrada en el petróleo. Durante los años noventa y 2000 se produjo una sustitución progresiva hacia el gas natural, que pasó a ocupar el primer lugar. Desde la década de 2010 se observa una incorporación más acelerada de energía eólica y solar, aunque todavía insuficiente para modificar el carácter predominantemente fósil del consumo energético argentino.
Debe considerarse, finalmente, que los valores corresponden a consumo de energía primaria y no a generación eléctrica. Para la energía nuclear y las fuentes renovables se utiliza un método de sustitución que expresa su aporte en términos del combustible fósil equivalente que habría sido necesario para generar la misma cantidad de energía. Por ese motivo, las participaciones presentadas no deben interpretarse como equivalentes a la composición de la generación eléctrica argentina.

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